Se suele decir que la guerra es el pretexto perfecto que muchas naciones han encontrado para provocar crecimiento en sus industrias. Y el ejemplo que siempre sale a relucir es la Segunda Guerra Mundial, y cómo fue eso lo que terminó de sacar a Estados Unidos de la Gran Depresión.
Sin ser economista ni tantito, esa idea siempre me hizo ruido. No porque el dato esté mal, sino porque parecía contestar una pregunta distinta a la que uno tiene ganas de hacer...
¿Y quién gana, en realidad?
Porque una cosa es preguntar si a un país le fue bien, y otra muy distinta es preguntar si nos fue bien a todos.
Y resulta que sí se ha estudiado. Un trabajo publicado en el Journal of Peace Research calculó que el PIB mundial habría sido 12% más alto, en promedio, si no hubiera habido conflicto violento desde 1970. En el Instituto Kiel midieron algo parecido con 150 años de datos: una guerra en el propio territorio tumba el producto alrededor de 30%. Y Benmelech y Monteiro, revisando 115 conflictos en 145 países, encontraron caídas de 13% que no se recuperan ni una década después.
OJO: ese trabajo del Kiel terminó publicado en el American Economic Review en 2026, y en la versión revisada las estimaciones bajaron bastante — la caída en el país en guerra queda cerca del 10%, no del 30%. Enlazo el preliminar porque es el que cualquiera puede leer completo sin pagar, pero que quede dicho ;)
Entonces sí: hay picos de eficiencia para algunas naciones. Pero la humanidad, en conjunto, termina en pérdida.
Nosotros y ellos, pero adentro
Y yo creo que lo mismo puede pasar en las organizaciones. Entre direcciones, entre áreas, entre departamentos, e incluso entre personas. Cuando los incentivos de unos se contraponen a los de otros, a propósito o por accidente, y empieza ese enfrentamiento de somos nosotros y son ellos.
Los que programamos conocemos el caso clásico, que es tan clásico que le dio nombre a todo un movimiento: devs contra ops. Unos quieren entregar cambios lo más rápido posible, porque de eso viven; otros quieren que el sistema no se caiga, porque de eso viven ellos. Ninguno de los dos está mal. Los dos están haciendo exactamente su trabajo. Y sin embargo se atropellan.

DevOps, en el fondo, no fue una caja de herramientas. Fue darse cuenta de que la eficiencia aparece cuando se diluye la frontera.
Y esa misma frontera se puede dibujar en muchos otros lados:
- Entre quien construye el producto y quien lo diseña.
- Entre quien desarrolla la tecnología y quien la soporta.
- Entre quien usa la tecnología y quien la crea.
- Entre quien cuida que el gasto no se desborde y quien necesita margen para invertir en algo que sí va a mover la aguja.
En todos los casos el patrón es el mismo. Dos áreas persiguiendo su número, cada una con toda la razón del mundo, y el resultado del conjunto abajo de donde pudo estar.
Y también pasa que el nosotros y ellos, como en las guerras, tiene alianzas y objetivos mal alineados que aprovechan unos a costa de otros.
Lo que se ve y lo que no se ve
Aquí es donde uno quisiera cerrar con un "pues júntense y ya", y ahí es justo donde el argumento se cae. Porque si fuera tan obvio, ya estaría resuelto.
Hay una razón por la que no se resuelve solo, y la explicó Frédéric Bastiat en 1850 con una parábola que no ha envejecido nada: un niño rompe el cristal de un comercio. Los curiosos se juntan y concluyen que en el fondo no es tan malo: el comerciante va a tener que llamar al vidriero, el vidriero cobra, el dinero circula. Eso es lo que se ve.

Lo que no se ve es que ese comerciante tenía ese dinero destinado a otra cosa. Se iba a comprar un traje. El sastre nunca se enteró de que perdió una venta, porque esa venta jamás existió. No hubo riqueza nueva: hubo una que se movió de lugar.
Regresemos al estudio del principio, porque tiene una segunda parte que casi nunca se cita. Sí hay quien gana. Las economías desarrolladas de Norteamérica, Europa y Oceanía se beneficiaron económicamente de participar en conflictos violentos. Norteamérica, de hecho, habría perdido casi un billón de dólares en ese periodo si no hubiera habido conflicto. Mientras tanto, en siete países —Irak y Afganistán entre ellos— el PIB total se habría MÁS QUE DUPLICADO en ausencia de guerra.
O sea que quien pelea lejos de casa mejora su número. Y el daño lo paga territorio ajeno.
Ese es el punto incómodo, y es el que aplica adentro:
EL ÁREA QUE VA SOLA SÍ LLEGA A SU NÚMERO

Su beneficio se ve. Está en el reporte, es medible, se puede presumir en la junta. Y lo que el conjunto dejó de lograr no aparece en ningún lado, porque nunca existió. Es el traje que el sastre no vendió.
Por eso el incentivo desalineado gana casi siempre la discusión. No porque la gente no entienda, sea egoísta, ni esté actuando de mala fe. Es que un lado del balance tiene evidencia y el otro es un fantasma.
Ah, y de pasada
Otro hallazgo del Kiel que a mí me pareció durísimo: los efectos negativos de una guerra caen sobre los vecinos aunque no participen, y aumentan mientras más integrado comercialmente estés con el sitio del conflicto.
Ahí está, en una línea, por qué al de soporte le termina pegando un pleito entre desarrollo y producto en el que nunca opinó. No hace falta estar en la guerra. Basta con estar integrado.
¿Entonces qué?
No tengo una metodología que ofrecerte, y yo mismo desconfiaría de quien me la ofreciera en un post de algún blog. Pero sí hay una pregunta que a mí me ha servido, y es la que le pediría a cualquiera que se haga mañana:
No pensar en tu número. Pensar en cómo tu número colabora con el de los otros, con los de la dirección y la organización a la que pertenecemos, y de ahí alinear el tuyo hacia allá.
Si los dos extremos hacemos lo mismo, terminamos colaborando a veces hasta sin darnos cuenta. Y ya con los objetivos alineados, pues sí, yo voy por mi número... nada más que ahora mi número también te sirve a ti.
Suena idealista, ya sé. Pero la alternativa está medida, y es 12% abajo.
Al final lo que termina pasando es que logramos convivir en armonía. Como si en el fondo sonara una melodía de saxofón, organizando nuestro trabajo.
Las dos ilustraciones de este artículo —el cristal roto y el sastre— las generé con IA.